miércoles, 23 de noviembre de 2016

Gastrorreflexión: Cada cosa a su tiempo

Comenzaré esta entrada realizando una confesión: hay dos momentos del año que me ponen muy nervioso. El primero es finales de octubre y el segundo es finales de febrero o, dicho de otro modo y de un modo más exacto, el primero es cuando ya empezado el curso comienza a llegar un poco de frío y el segundo es cuando están terminando los Carnavales. ¿Que por qué me pongo nervioso? Pues porque esas dos épocas son los mayores exponentes de la obsesión por que se pierdan determinadas tradiciones: la de disfrutar de ciertos alimentos y comidas cuando corresponde. Y es, paradójicamente, proponiendo que comamos esas comidas como le quitan toda la magia, porque lo hacen a destiempo o, mejor dicho, durante demasiado tiempo.

[Mantecado tradicional]

Ciertamente, las experiencias gastronómicas están vinculadas a los recuerdos de la infancia y a cuestiones culturales y podríamos pensar --y con razón-- que cada uno tienes sus hábitos. Pero tampoco deja de ser cierto que esos recuerdos y esos referentes culturales se dan la mano en determinadas fechas que incluyen determinados rituales, entre los que se tienen un papel protagonista y un lugar de privilegio los rituales gastronómicos.

Navidad
Permitidme hacer un recorrido --será breve, lo prometo-- por algunos de esos momentos que me crispan los nervios. Empezaré por las inminentes fiestas navideñas. Ya nos hemos acostumbrado a que los adornos navideños ocupen calles, plazas, centros comerciales y tiendas de decoración desde octubre pero... ¿qué necesidad hay de comer mantecados, hojaldrinas, turrón o mazapanes a principios de noviembre? Es una lástima que cuando llegue el día 22 de diciembre, acudamos al hipnótico soniquete del sorteo de la Lotería Nacional empachados de dulces navideños y que en Nochebuena se escuche eso de que "estoy harto de comer turrón", "no me puedo comer ni un mantecado más"...

En mis gastrorrecuerdos está grabado a fuego el momento en el que montaba junto a mi padre las bandejas con los dulces navideños. Es parte de la configuración del individuo como miembro de una familia, de una sociedad, de una cultura...

[Turrones]

Pero lo que más me duele es, sin duda, lo del roscón de Reyes. La fiesta más bonita del año, esa que nos hace únicos, esa que llena las casas de ilusión... La mañana del 6 de enero se caracteriza por el despertar tempranero de los más pequeños y por su cara de sorpresa por al magia de lo ocurrido durante la noche... y por ese maravilloso desayuno con roscón de Reyes (desayuno que, por cierto, se repite una y otra vez en cada casa que vamos visitando cargados con los regalos). Y por el ritual del corte, de encontrar el regalo o el haba. Y estamos empeñados en cargarnos ese momento porque desde finales de diciembre ese delicioso dulce está en las confiterías (y en muchas casas).

[Roscón de Reyes]

Semana Santa
Todo lo que tiene que ver con la Semana Santa, en mi casa, tiene una dimensión importantísima, lo reconozco pero, al margen de que se viva esta fiesta de un modo más o menos intenso, estamos ante el mismo acontecimiento: ¿¡torrijas en febrero!? Mi compañera Isabel y yo tenemos la costumbre desde hace muchos años de comernos la primera torrija del año el Viernes de Dolores. Creedme, hago un verdadero esfuerzo por no comerlas antes, máxime cuando en las vitrinas de la cafetería donde desayunamos están tan bien colocadas en sus bandejas las de azúcar, las de miel, las de leche, grandes, pequeñas... 

[Torrijas de azúcar]

Con lo que (aún) no han podido ha sido con esos puestos y vendedores ambulantes que inundan las calles de la ciudad, entre tambores, saetas y olor a incienso, vendiendo cañas de azúcar, limones cascarúos o esos barquillos con crema de fresa: "¡al rico coqui!".

[Caña de azúcar y limones "cascarúos"] 
[Coquis]

Suma y sigue
El verano huele a espeto de sardinas. El otoño huele a castañas asadas. De unos años a esta parte, nos encontramos con las humaredas que se forman en las calles que vienen de los quioscos que asan castañas en las esquinas de la ciudad a finales de septiembre. ¿Castañas, con el calor que hace?

[Espetos de sardinas]
[Castañas asadas]

Otro de los damnificados por esta vorágine (que en el fondo es única y exclusivamente de índole comercial) son los deliciosos y delicados huesos de santo. Sin duda, uno de los grandes desconocidos. Propios del Día de Todos los Santos, se han visto arrinconados y ninguneados entre los dulces navideños que se empiezan a vender ya en octubre y las calabazas y demás zarandajas halloweenianas que ha traído la globalización. Suerte que mi sobrino Carlitos, a sus 5 años, tiene claro que durante esos días no se acuesta sin comerse dos huesos de Santo de la confitería Aparicio.

[Huesos de santo de la confitería Aparicio]
--
Todas las fotografías son de mi cuenta de Instagram

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada